Ir al contenido principal

Epílogo




Una mujer está sentada sola en su enorme mansión. El mutismo la envuelve con su infinito rezongo de longevo e intenta persuadirla de que ya no existe un camino para elegir. Ella sabe que no hay nadie más en el mundo, que es inútil que busque en las sombras una huella: todos los seres han muerto. Reconoce que no le devolverán las décadas y que alguna trampa la espera detrás de los tabiques mientras aúlla el viento, entre las hojas, llamando al amanecer para poder calentar sus huesos.

Golpean a la puerta... Va hacia ella temblorosa. Cuando la abre la ráfaga de aire la empuja hacia la oscuridad. Un cementerio poblado de tumbas blancas la mira y trata de enredar su tela en derredor de su figura. El borrascoso silencio se hace más incomprensible y en el vértice de las cruces se oyen los ecos de algún viacrucis. La mujer camina entre las sepulturas con dificultad tratando de liberarse de las enredadas cadenas que arrastra, hasta que se detiene delante de una ilegible inscripción.
¿Acaso no sabe que hace ya más de medio siglo que...?

Luján Fraix 1994

.........................

Este cuento fue una de mis primeras publicaciones.
"Nuevos cuentistas Argentinos"---------------Red Literaria Sur (Buenos Aires, 1995).
Antología compartida con otros autores.

Entradas populares de este blog

Descripción: la casa colonial

La casa colonial mira el transcurso del tiempo entre susurros ancestrales de un pasado demasiado arraigado a las tradiciones. Es baja, con techo de tejas y paredes muy gruesas de tapia. Las puertas se hallan construidas en madera, con molduras labradas a mano. Las ventanas poseen enrejados de hierro negro a manera de encaje. Esos arabescos inconfundibles son, más allá de los años, una muestra cabal de su estilo. Las habitaciones amplias son frescas en verano y templadas en invierno y enmarcan un matizado patio cubierto de baldosas al que da sombra una parra de tronco retorcido; perfuma el ambiente, el jazmín del país que recuerda, quizá, los pasos de algún abuelo centenario. En medio de ese vasto lienzo con gradaciones de color, se ve el aljibe donde se recogía, antiguamente, el agua de lluvia que corría por los tejados y resbalaba por las canaletas. Su roldana está quebrantada por la herrumbre; ya no gira… A veces, cuando el viento la mueve, trae voces de una historia patriarcal acendra…

Ensayo: la soledad interior

La soledad interior puede despertar paulatinamente con los años y llegar cargada de cadenas rumbosas, creando su propia identidad a través de nuestras vivencias para atraparnos con su fuego y con su aire. Es una rival astuta, sumisa y bravía, que tiene, en su paradigma, la última palabra. Intenta escuchar gritos frente a un huracán de silencios, temblores de pasos en cuartos desiertos, cuerdas rotas de violines…, pero jamás se inmuta. Es el choque inesperado entre dos fuerzas combatientes que se esfuma por los recodos áridos y por la endeblez de las sílabas: la soledad y la búsqueda del equilibrio frente al hueco existencial que parece eterno, poblado de fantasmas, pretérito y detenido.
Entre los espacios vedados, habita su miseria presa por el hálito que envuelve la libertad en sus propias redes. Vuelve la insidia de los minutos a caminar los pasos de las ausencias, entregados a ecos difusos que buscan la resurrección de la alegría.
La soledad no entiende de la fugacidad del tiempo y d…

Vanidades

Días antes de morir, la tía Catalina les dijo a las señoras del geriátrico:  -Quiero volver a casa. Necesitaba regresar a su edificio de dos plantas ubicado en la esquina más importante del pueblo. Pero no era posible, ahora estaba recluida en una caverna húmeda que en nada se parecía a la mansión de su juventud. Pasaba frío y ya no tenía apetito por la misma angustia del abandono.
Soltera, anciana, y con su acostumbrado mal humor, la tía Catalina seguía siendo la misma porque toda la vida había hecho su voluntad en aquel mundo de frivolidades, quejas y reproches donde gobernaba y combatía para imponer su nombre.
-Una mujer de clase se nota en la postura; no necesita llevar un vestido caro-decía con vanidad.
Tía Catalina se mantuvo inconmovible ante la muerte de sus padres y hermanas con las que peleaba siempre. Sobrevivió a todos ellos y todavía le quedaban fuerzas para reclamar derechos, molestar a la familia y creer que podía dominar territorios ajenos.
Ni siquiera el hecho de per…
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...